COMPASS MAGAZINE #15

SALUD Y TECNOLOGÍA MÓVIL Dispositivos personales asequibles se conectarán en el futuro a los sistemas de salud de todo el mundo

El envejecimiento de la población, el rápido desarrollo de nuevos tratamientos y la necesidad de difundir las buenas prácticas médicas impulsan la innovación en el ámbito de la salud mediante las tecnologías móviles, mientras gobiernos y asociaciones de pacientes velan por la privacidad. 

Las tecnologías móviles aplicadas a la salud (es decir, la práctica de la medicina y la salud pública con el apoyo de dispositivos móviles) cada vez están más presentes en el sector sanitario y ya representa el 10 % de la economía mundial, según la Organización Mundial de la Salud. Con aplicaciones que van desde la recopilación de datos y la formación médica hasta la monitorización remota en tiempo real de los signos vitales de los pacientes, estas tecnologías pueden cambiar la forma en que los servicios médicos proporcionan asistencia y evalúan los resultados, cómo se diagnostican las enfermedades y cómo los propios pacientes se responsabilizan de su bienestar. 

«LA PRIVACIDAD PREOCUPA, PERO TAMBIÉN SE HAN CREADO EXPECTATIVAS SOBRE CÓMO LAS INVESTIGACIONES MÉDICAS A NIVEL MUNDIAL PUEDEN OBTENER MEJORES RESULTADOS A PARTIR DE DATOS REALES.»

KATHY HUGHES VICEPRESIDENTA, AVALERE HEALTH

Según Berg Insight, una empresa sueca de estudios de mercado y consultoría especializada en conectividad móvil y el Internet de las cosas, a finales de 2012 unos 2,8 millones de pacientes en todo el mundo ya utilizaban dispositivos de seguimiento médico en el hogar. Su previsión es que el número de conexiones mediante dispositivos de este tipo alcance los 9,4 millones en 2017. Por su parte, las aplicaciones de salud para smartphones llegarán a 500 millones de usuarios en 2015, según los cálculos publicados en la revista médica Journal of AHIMA en 2013.

Entre las tendencias que se observan, destacan la creciente promoción de los wearables deportivos por parte de los fabricantes de artículos de electrónica de consumo, el uso de aplicaciones para smartphones por parte de los médicos y los programas de investigación que analizan datos de distintas fuentes. Los expertos están especialmente interesados en la posibilidad de mejorar la asistencia médica en sectores de población necesitados, tales como pacientes ancianos que no pueden salir de casa o poblaciones remotas de países emergentes, donde la adopción generalizada de los teléfonos móviles ofrece la posibilidad de cubrir áreas con escasez de facultativos.

«No podemos mejorar la seguridad de los pacientes y la calidad de la atención que reciben sin entender lo que les pasa», escribió recientemente en su blog Tim Kelsey, director de pacientes e información del National Health Service (NHS) de Inglaterra. «El hecho de compartir los datos ayudará a transformar los servicios de salud.»

Sin embargo, los avances no son iguales en todas partes. «En EE. UU., la ley sobre atención asequible (Affordable Care Act) puede proporcionar la financiación necesaria para que se produzca el cambio hacia las tecnologías móviles aplicadas a la salud, pero la administración no está ofreciendo ninguna pauta a seguir», explica Robert Havasy, vicepresidente de la Personal Connected Health Alliance (PCHA) y director ejecutivo de Continua, empresa de tecnologías de la salud con sede en EE. UU. que forma parte de esta alianza. «Dinamarca ha puesto en marcha los primeros programas en Europa, seguida por el resto de los países nórdicos. También se está avanzando mucho en Oriente Medio y el sureste asiático. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, son los gobiernos los que están estableciendo las normativas y los límites del desarrollo.» 

PREOCUPACIÓN POR LA PRIVACIDAD

A pesar de los beneficios potenciales, el intercambio electrónico de datos de los pacientes plantea un problema: garantizar la confidencialidad de los datos. La ley de asistencia (Care Act) del Parlamento británico, por ejemplo, tiene como fin proteger la privacidad del paciente. A tal efecto, establece que los datos de una persona solo se pueden compartir y analizar cuando hay un beneficio para la salud, y este proceso siempre tiene que realizarse bajo la supervisión de un organismo independiente. Todos los países desarrollados cuenta con una legislación similar en vigor o en trámite.

Si bien existe una preocupación generalizada sobre el uso indebido de los datos privados de los pacientes, se está produciendo un cambio de actitud en este sentido. En una encuesta realizada por la National Public Radio de Estados Unidos, por ejemplo, el 53 % de los encuestados afirmaron que no les importaría compartir información de forma anónima con organismos de investigación médica. La cifra ascendía al 61 % en el caso de los menores de 35 años, que eran los menos preocupados por la privacidad.

«La privacidad preocupa, pero también se han creado expectativas sobre cómo las investigaciones médicas a nivel mundial pueden obtener mejores resultados a partir de datos reales en lugar de datos obtenidos mediante pruebas», afirma Kathy Hughes, vicepresidenta de Avalere Health, una empresa consultora de Washington formada por analistas políticos y consultores que colaboran con organizaciones de salud. 

CONCLUSIONES A PARTIR DE DATOS COMPARTIDOS

Según el organismo National Institutes of Health, que forma parte del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos, a medida que los servicios de salud logren convencer a los usuarios de que compartan sus datos de forma anónima, aumentará el conocimiento de la salud de la población. De este modo, si las empresas sanitarias pueden desarrollar un sistema interoperativo, tendrán la capacidad de distribuir mejor los recursos.

«No existen motivos técnicos ni legislativos que impidan que [las tecnologías de la información aplicadas a la salud] sean abiertas», comenta Havasy, «pero la asistencia sanitaria en todo el mundo es una mezcla de alta tecnología y atención individual personalizada.» Para ayudar a salvar la brecha tecnológica, Continua colabora con gobiernos y empresas para implantar tecnologías móviles aplicadas a la salud basadas en estándares abiertos, como IEEE e ISO, que garantizan la interoperabilidad. 

70%

Para controlar el aumento de costes, en 2018 el 70 % de las organizaciones del sector sanitario invertirán en aplicaciones móviles para usuarios, wearables, monitorización remota y asistencia virtual. “FUTURESCAPE: WORLDWIDE HEALTHCARE 2015 PREDICTIONS,“IDC

RESPONSABILIDAD PERSONAL

In FutureScape: Worldwide Healthcare 2015 Predictions, la consultora internacional IDC informa de que «en 2018, para controlar el incremento de costes, el 70 % de las organizaciones sanitarias invertirán en aplicaciones móviles para usuarios, wearables, sistemas de monitorización remota y asistencia virtual».

Fomentando un estilo de vida más saludable, los gobiernos creen que las tecnologías móviles aplicadas a la salud podrían ayudar a reducir tanto los costes como las listas de espera. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido está trabajando en tres herramientas digitales: los motores de búsqueda GP Choice y Urgent Care Finder, y Symptom Checker, una herramienta en la que los pacientes pueden contrastar sus síntomas y hacer preguntas por chat.

Ricky Bloomfield, director de Mobile Technology Strategy y profesor auxiliar de medicina interna y pediatría de la Universidad de Duke, en Durham (Carolina del Norte), prevé que la conectividad y las tecnologías wearable crearán un flujo de datos sin precedentes de los pacientes a los sistemas de salud.

«Sabemos que cuantos más datos tengamos, mejor informados estaremos para tomar decisiones, pero todavía no disponemos de esos datos», declaró Bloomfield a los participantes en el congreso mHealth Summit celebrado en diciembre de 2014. «Así que solo es otra forma de abrir una puerta más», añadió.

Hughes, de Avalere Health, cree que la educación puede ser tan útil como los datos. «Una aplicación muy popular entre las embarazadas, por ejemplo, les explica lo que sucede en las diferentes etapas del embarazo. Lo que experimentan las mujeres es algo natural, pero totalmente nuevo, y la aplicación les ayuda a comprenderlo.»

Los programas de educación sobre la salud de los países en desarrollo pueden aprovechar la presencia generalizada de los teléfonos móviles para educar a la población de aldeas remotas. En un reciente congreso en Nueva Delhi (India) organizado por la ONG IntraHealth International, Girdhari Bora, uno de los asesores de la organización, explicó la viabilidad y efectividad de mSakhi, una aplicación para que el personal sanitario pueda dar consejos sobre maternidad, primeros cuidados del bebé y nutrición infantil. 

EL PODER DEL PACIENTE

Las tecnologías móviles aplicadas a la salud también ayudan a los usuarios a tomar decisiones. «A la hora de decidirse por un plan de salud, gracias a las herramientas avanzadas los usuarios pueden tomar decisiones fundadas que no solo tengan en cuenta las primas», explica Kelly Brantley, directora de Avalere Health. «Los pacientes con enfermedades crónicas deben poder calcular los costes de la asistencia médica de los distintos planes para seleccionar la cobertura que mejor se adapte a sus necesidades.»

Compartir los historiales médicos de los pacientes es una tendencia en la que convergen la autoexploración y la asistencia médica profesional. Un ejemplo de ello sería el envío de un aviso al personal de enfermería si se produce un cambio en la biología que hace necesaria la revisión de la medicación. El personal médico también utilizará dispositivos móviles con manos libres para acceder fácilmente a la información compleja que necesiten durante el diagnóstico y tratamiento. Los médicos, por ejemplo, han visto de inmediato las ventajas de calcular las dosis de los medicamentos en su smartphone en lugar de tener que volver a su despacho o recorrer el hospital en busca de un terminal.

En el congreso de la Advanced Medical Technology Association (ADVAMED), celebrado en octubre de 2014, se debatieron estrategias para aprovechar el potencial de la tecnología móvil. En él se abordaron aplicaciones móviles interesantes, como por ejemplo las que permitirían prever ataques al corazón y monitorizar la salud respiratoria gracias a sensores que los pacientes llevarían encima y a los que tendría acceso el personal médico. Las aplicaciones móviles aplicadas a la salud también han llegado al ámbito de la diabetes y de las enfermedades renales gracias a la conexión de los datos del instrumental médico, como los medidores de glucosa en sangre y las máquinas de diálisis.

«Existen diferentes modelos de negocios: el orientado al consumidor y el orientado a la empresa», explica Hughes, de Avalere. «Las compañías de tecnología móvil están vendiendo dispositivos directamente a consumidores, empleados, farmacias y compañías de seguros, que los proporcionan a sus clientes para ver si son beneficiosos.» 

SUPERAR RETOS

Un reto importante, según Havasy, es desarrollar dispositivos que se puedan utilizar en un entorno hospitalario, donde el coste, el control de infecciones y la interoperatividad son factores primordiales. 

«SABEMOS QUE CUANTOS MÁS DATOS TENGAMOS, MEJOR INFORMADOS ESTAREMOS PARA TOMAR DECISIONES, PERO TODAVÍA NO DISPONEMOS DE ESOS DATOS.»

RICKY BLOOMFIELD DIRECTOR, MOBILE TECHNOLOGY STRATEGY

«El fabricante crea un dispositivo que es como una navaja suiza, en el sentido de que la gente lo va a utilizar para muchas cosas», añade. «Como los hospitales ya cuentan con sistemas de control, estos dispositivos siempre se utilizan bajo una supervisión adecuada.»

Los sistemas sanitarios de los países desarrollados y en vías de desarrollo utilizan baremos distintos para evaluar los sistemas informáticos y equipos, y cuentan con niveles de recursos dispares.

Por ejemplo, en las aldeas remotas de los países en desarrollo, donde estas tecnologías son especialmente útiles, se necesitan dispositivos de bajo coste y gran flexibilidad que se adapten a los recursos limitados de los pacientes. Un ejemplo es mHero, un sistema de comunicación y coordinación de personal sanitario por SMS que está desarrollando UNICEF en colaboración con una serie de empresas, como IntraHealth.

A veces es necesario conectar los dispositivos médicos móviles con otros equipos en sofisticadas salas de operaciones, mientras que en otras ocasiones estos dispositivos se deben proteger frente a las duras condiciones de trabajo sobre el terreno. Los trabajadores de Médicos sin Fronteras de los centros de tratamiento del virus del Ébola en Sierra Leona, por ejemplo, registran los datos de los pacientes sin el riesgo de propagar la infección mediante el uso de unas tabletas que se pueden esterilizar con una solución clorada. Antes tenían que comunicar la información desde detrás de una valla protectora a otro colega para que la anotara.

«Lo bueno es que tenemos un servidor local en un ordenador que tiene el tamaño de un sello y que funciona con 5 voltios, con el que podemos leer la información introducida en las tabletas de la zona de alto riesgo en la zona de bajo riesgo con otra tableta u ordenador portátil», explica Ivan Gayton, asesor de innovación tecnológica y empleado de campo de Médicos sin Fronteras.

Ingenieros voluntarios del equipo de respuesta a emergencias de Google y otras empresas tecnológicas han ayudado a desarrollar estos equipos. «La clave está en que no pasa nada si se corta la luz durante un rato o no hay Internet», añade Gayton. «Esta arquitectura, con un servidor y un cliente, normalmente es muy difícil de implantar sobre el terreno en los países subsaharianos.» 

COMO EN EL HIPERMERCADO

Con cualquier dispositivo o conexión, la tecnología móvil tiene el potencial de acceder a bases de conocimiento y a herramientas de colaboración en la nube. Cuando se comparte la información, el trabajo es más eficiente y el personal médico y de enfermería puede dedicarse a tratar a los pacientes en lugar de perder el tiempo con la burocracia.

 Aunque la curva de aprendizaje es compleja, los facultativos son conscientes de las ventajas. Así, en una reciente entrevista para la cadena de radio de la BBC, una enfermera afirmaba: «En el hipermercado donde compro conocen mis hábitos de compra de los últimos seis meses, pero en cambio en el hospital público donde trabajo como enfermera tengo problemas para encontrar el historial médico de mis pacientes y saber cuál fue el último cambio en su medicación.»

por Mark Webb Ir arriba