COMPASS MAGAZINE #15

ENVASES ECOLÓGICOS La producción de envases reutilizables, reciclables o compostables es un objetivo primordial para muchas empresas

Gracias a los nuevos biomateriales, a la mayor eficiencia de los procesos de fabricación y a las herramientas que evalúan el ciclo de vida útil, las empresas de bienes de consumo están reduciendo el impacto medioambiental de sus envases de plástico.

Envases retráctiles, botellas y bolsas de supermercado de polietileno son solo algunos ejemplos de los envases de plástico que produce la industria de bienes de consumo y que representan una gran parte de los desechos generados anualmente en todo el mundo. Según las estadísticas de 5 Gyres, organización con sede en Santa Mónica (California) que tiene como fin reducir la contaminación generada por el plástico, solo se recupera el 5 % de los plásticos producidos en los EE. UU., mientras que el 50 % acaba en vertederos y el resto en el océano. De hecho, un estudio titulado Plastic Waste Inputs From Land In to The Ocean, publicado en la revista Science en febrero de 2015, concluye que cada año se vierten en los océanos alrededor de 8 millones de toneladas de residuos plásticos. 

Por ello, muchas empresas están buscando nuevos materiales, métodos de fabricación y alternativas de reciclaje para que los procesos de suministro, fabricación y desecho de sus productos sean más respetuosos con el medio ambiente.

Lynn Dyer, presidenta del Foodservice Packaging Institute (FPI), una asociación con sede en Virginia que reúne a empresas de servicios alimentarios de América del Norte, explica que estas empresas tienen en cuenta dos factores a la hora de diseñar los envases: «de qué está hecho» y «qué se puede hacer con él una vez utilizado».

«Los fabricantes están aprovechando las nuevas tecnologías para desarrollar envases fabricados con materiales reciclados, o utilizar materiales tradicionales de nuevas formas, para contribuir a la preservación del medio ambiente», explica Dyer. «Por ejemplo, la taza de espuma de poliestireno, creada hace 50 años, no se ha podido rediseñar con materiales reciclados hasta hace pocos años. Otras empresas han empezado a utilizar el tereftalato de polietileno (PET) aislado y las tazas de polipropileno aislado, mientras que los fabricantes de vasos de papel están estudiando recubrimientos alternativos para sustituir el revestimiento de plástico de estos vasos.»

Por su parte, Alex Henige, estudiante de último año de la Universidad Politécnica de California (EE. UU.), ha desarrollado el proyecto Reduce Reuse Grow (‘reducir, reutilizar, crecer’) para financiar la producción en serie de tazas de café biodegradables que llevan semillas incrustadas para que los consumidores las puedan poner en remojo con agua y enterrarlas tras su uso. Henige ha probado las tazas con éxito utilizando semillas originarias de California, y afirma que el proceso de biodegradación es de 180 días. 

BIOMATERIALES

Los bioplásticos, procedentes de fuentes de biomasa renovables, como grasas vegetales, almidón de maíz y subproductos agrícolas, están ganando popularidad. Algunas multinacionales de la industria alimentaria, como Coca-Cola, Nestlé, PepsiCo y Heinz, así como fabricantes de envases como Tetra Pak, han empezado a incluir el bioplástico en sus productos. Ecover, una empresa belga que fabrica productos de limpieza ecológicos, ha desarrollado envases con un material denominado Plantplastic, formado por plástico derivado de caña de azúcar (75 %) y plástico reciclado (25 %).

La asociación empresarial europea Plastics Europe, con sede en Bruselas (Bélgica), estima que estos materiales representan menos del 1 % de los 300 millones de toneladas de plásticos producidos anualmente en todo el mundo. Sin embargo, un estudio realizado por la asociación European Bioplastics, con sede en Berlín (Alemania), predijo que la capacidad de producción de bioplásticos aumentará en un 400 %, pasando de 1,6 millones de toneladas en 2013 a alrededor de 6,7 millones de toneladas en 2018. Casi el 75 % de los bioplásticos se producirán en Asia, mientras que Europa, que en la actualidad lidera el proceso de I+D, contará con aproximadamente el 8 % de la capacidad de producción.

«Los bioplásticos han recorrido un largo camino en los últimos diez años, y ahora en el mercado ya se encuentran materiales como el PET fabricado con derivados de plantas, con un 30 % procedente del etanol», explica Charlie Schwarze, director de sostenibilidad global de Amcor, una multinacional dedicada a la fabricación de envases. «Estamos trabajando con nuestro socio KHS de Hamburgo (Alemania) para comercializar Plasmax, un recubrimiento fabricado a partir de óxido de silicio que puede utilizarse en el interior de las botellas para evitar la oxidación. Esta capa, que se puede retirar durante el proceso de reciclaje del PET, nos ayudará a desarrollar productos que se puedan reciclar.»

Según John Perkins, vicepresidente de alianzas estratégicas de cliente de MeadWestvaco (MWV) —empresa que fabrica envases de plástico y cartón con sede en Virginia (Estados Unidos)—, el uso de biomateriales también ayuda a las empresas a reforzar su marca. 

400%

La capacidad de producción de bioplásticos aumentará en un 400 %, de 1,6 millones de toneladas en 2013 a alrededor de 6,7 millones de toneladas en 2018.

«Si una empresa ofrece productos naturales o ecológicos, los consumidores esperan que sus envases también se fabriquen con materiales y procesos ecológicos», explica Perkins. «En MWV ayudamos a nuestros clientes a utilizar materiales reciclables tras el consumo, como resinas, bioplásticos, biopolímeros, materiales compostables y cartón reciclable, para cumplir su objetivo de reducción de emisiones de CO2. Por ejemplo, estamos trabajando con la empresa francesa Danone para incluir más materiales reciclados en sus envases, y también con Coca-Cola, para aumentar la cantidad de envases de cartón que les proporcionamos.» 

REINVENTAR LOS MÉTODOS TRADICIONALES

Las empresas de envasado que trabajan con los fabricantes de bienes de consumo también están aplicando nuevas técnicas de fabricación para optimizar el diseño de los envases y reducir el uso de materiales vírgenes.

«Muchos de los miembros del FPI utilizan técnicas para reducir la cantidad de materias primas en sus envases, lo que se consigue modificando su diseño o sustituyendo las resinas plásticas por materiales renovables como el carbonato de calcio o el talco», explica Dyer. «Sin embargo, estas técnicas de reducción no deben limitar la funcionalidad del producto, lo cual es una prioridad para las empresas de servicios alimentarios.»

MWV, por ejemplo, utilizó técnicas de este tipo para eliminar el 18 % del plástico del paquete para medicamentos Shellpak que desarrolló para Walmart en 2011. «Nuestra prioridad era reducir la cantidad de plástico y crear un producto a prueba de niños que los pacientes mayores pudieran abrir con facilidad», explica Perkins. Posteriormente, MWV desarrolló Shellpak usando cartón en lugar de plástico. «Del mismo modo, cuando desarrollamos Natralock, una alternativa de cartón renovable al 100 % para sustituir las cápsulas de PVC utilizadas por los fabricantes de envases de seguridad, teníamos que garantizar que los productos estarían protegidos frente a robos.» Al igual que MWV, Amcor ha utilizado este método para eliminar más de 12 000 toneladas de resina plástica de sus botellas desde 2012.

«En 2013 modificamos el proceso de fabricación y el diseño lateral y de la base de nuestras botellas Powerblock III de 1,8 litros para zumo (un formato muy popular en los Estados Unidos), y eliminamos más de 8 gramos de resina plástica de cada frasco», explica Schwarze. Esto les ha permitido ahorrar 2000 toneladas de resina desde el año 2012.Amcor también ha desarrollado junto al fabricante LiquiForm, un sistema que utiliza el producto real —bebidas presurizadas— en lugar de aire para llenar y moldear las botellas de plástico.

«LiquiForm combina varias etapas de la producción y reduce significativamente la cantidad de energía que se desperdicia realizando dos procesos distintos para moldear y llenar los envases», añade Schwarze. «Las pruebas preliminares han demostrado que LiquiForm ha reducido la cantidad de energía necesaria en el proceso general de producción y transporte de un 20 % a un 30 %. Tenemos previsto lanzar el primer prototipo a finales de 2015 o principios de 2016.» 

UN CICLO DE VIDA MÁS LARGO

Hoy en día, muchas empresas son conscientes de que, para reducir de forma importante el impacto medioambiental de los envases, no solo se debe tener en cuenta la procedencia de las materias y los procesos de transporte y fabricación, sino también la fase de desecho. Algunas empresas han implementado el sistema C2C (cradle-to-cradle) para asegurar que sus productos contienen materiales que se pueden reutilizar o recuperar al máximo varias veces tras su primer uso. Diseñado para imitar los procesos naturales, el sistema C2C tiene como fin eliminar los desechos y desarrollar productos que sean beneficiosos para el medio ambiente.

«Adoptar un ciclo de vida de C2C ofrece más beneficios que limitarse a fabricar envases a partir de materiales fácilmente reciclables», asevera Perkins, de MWV. «MWV garantiza que las fibras certificadas que contienen nuestros envases de cartón son producidas, fabricadas y recicladas de manera sostenible. También utilizamos una cantidad mínima de recubrimientos para que nuestro cartón se pueda reciclar repetidas veces, y replantamos los bosques.»

Asimismo, MWV se ha integrado en la Carlsberg Circular Community, un proyecto de C2C creado por la empresa cervecera danesa Carlsberg Group con el objetivo de promover el desarrollo de materiales que se puedan reciclar y reutilizar de forma indefinida, conservando su calidad original.

Por su parte, Amcor utiliza una herramienta interna avanzada para la evaluación de la sostenibilidad (ASSET, por sus siglas en inglés) con la que se pueden realizar evaluaciones rápidas y calcular con exactitud el impacto medioambiental que tienen distintos tipos y diseños de recipientes a lo largo de su ciclo de vida antes de comercializarlos. 

ENVASES CON UN OBJETIVO

Hace ocho años Nestlé adoptó un sistema de evaluación del ciclo de vida e introdujo la herramienta de evaluación rápida del impacto del envasado (PIQET, por sus siglas en inglés) para entender mejor el impacto medioambiental de los distintos tipos de envases.

«La herramienta PIQET se utilizó en más de 15 000 evaluaciones y nos ayudó a optimizar varios productos, como los paquetes de Nescafé Dali para el mercado británico y el envoltorio de las chocolatinas Crunch y Galak para el italiano», explica el Dr. Christian Detrois, que dirige el equipo de sostenibilidad y nuevos envases del Nestlé Research Centre. «Luego se sustituyó por la herramienta EcodEX, que evalúa el impacto ambiental del producto durante todo su ciclo de vida, porque incluye tanto el envase como los ingredientes que contiene.»

La herramienta EcodEX se utiliza en más de 30 centros de I+D de Nestlé para ayudar a sus marcas a desarrollar productos más ecológicos a partir de los productos agrícolas y los materiales de envasado, los procesos de producción y los sistemas de recuperación utilizados en sus mercados objetivo.

«Es fundamental determinar una forma responsable de eliminar los envases incluso antes de diseñarlos, porque, por ejemplo, no tiene sentido que un fabricante diseñe un envase de PET reciclable si en el mercado donde se va a comercializar no hay centros de reciclado de este tipo de material», explica el Dr. Detrois. 

VARIAS OPCIONES DE RECICLADO

Según el Dr. Detrois, en el futuro será fundamental diseñar envases que se puedan recuperar de diferentes formas para satisfacer las necesidades de los distintos mercados de consumo. Lynn Dyer, presidenta del FPI, comparte esta opinión. «Cada día serán más las empresas que invertirán en nuevos materiales y procesos de fabricación, herramientas de evaluación del ciclo de vida y otras alternativas de reciclado para crear distintos tipos de productos: reciclables, compostables, incinerables para extraer su energía, fabricados con biomateriales o de plástico», sostiene. «Esto les permitirá servir a una mayor variedad de clientes, reduciendo en gran medida la huella de carbono de sus operaciones de envasado.»

por Rebecca Gibson Ir arriba