COMPASS MAGAZINE #15

MODA ELECTRÓNICA La tecnología wearable salta de la muñeca a las prendas de vestir

En un mundo ultraconectado, el último grito son las tecnologías wearable: sistemas de transmisión de datos que van integrados en nuestra ropa o complementos para transformarlos en una nueva interfaz de comunicación. Con un amplio abanico de funciones, desde supervisar nuestro estado de ánimo hasta controlar nuestra salud, ya está aquí el armario del futuro.

Las tecnologías wearable, la última fiebre del «Internet de las cosas», son sistemas conectados capaces de detectar cambios del entorno y de reaccionar a los estímulos del cuerpo humano. Algunas de estas tecnologías, que también están provistas de capacidad de memorización y aprendizaje, están reinventando la función de las prendas de vestir.

Impulsado por diseñadores e ingenieros de campos tan diversos como la salud, la moda y el entretenimiento, el mercado de los objetos conectados está creciendo muy rápidamente, con algunos artículos por debajo ya de los 100 dólares. La empresa auditora Deloitte calcula que en 2014 se vendieron diez millones de productos de tecnologías wearable, con una facturación aproximada de 3000 millones de dólares. La consultora estadounidense Gartner pronostica que en 2016 las ventas alcanzarán los 10 000 millones de dólares. Con estos números, no es extraño que estas tecnologías acaparasen gran parte de la atención del público en 2014 en el Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas y en el Mobile World Congress de Barcelona.

Muchos consumidores ven atractiva esta tecnología porque les proporciona información sobre la salud en tiempo real o porque mejora su productividad en el trabajo. Las empresas ven otro motivo de mayor peso: cada segundo, estos sistemas producen millones de datos sobre los usuarios y proporcionan un conocimiento más detallado que les permite elaborar soluciones más personalizadas y lucrativas, así como aumentar la fidelización de consumidores y clientes.

No obstante, también plantean problemas relativos a la privacidad. Las compañías de seguros, por ejemplo, pueden acceder en tiempo real a la información sanitaria de los usuarios y adaptar el coste de las coberturas, una tendencia que los mutualistas que gozan de buena salud ven con buenos ojos, pero que quienes padecen enfermedades consideran una intromisión en su vida privada y en sus bolsillos.

«EN DEFINITIVA, ESTOS NUEVOS DISPOSITIVOS DARÁN UNA MAYOR LIBERTAD A LOS PROFESIONALES EN EL DESARROLLO DE SU ACTIVIDAD Y AUMENTARÁN SU PRODUCTIVIDAD.»

FRANÇOIS BENHAMOU CONSEJERO DELEGADO, NOVELL FRANCE

CONFORT Y BIENESTAR

Según los expertos, para tener éxito en el mercado de las tecnologías wearable es imprescindible conocer todos sus matices. Los amantes de la tecnología, por ejemplo, tal vez sepan apreciar unas funciones innovadoras sin que les importe mucho el estilo de la ropa, pero una prenda demasiado geek no sería bien recibida por otro tipo de consumidores más ansiosos por vestir a la moda.

«Hay dos caminos a seguir», explica Jef Holove, ex consejero delegado de Basis Science, fabricante de relojes inteligentes de San Francisco, que fue adquirido por Intel en 2014. «El primero es el de la salud, con sensores capaces de detectar una insuficiencia cardíaca o problemas derivados de la diabetes. Y el otro es el del entretenimiento, con pulseras y relojes inteligentes.»

10 000 M$

La consultora estadounidense Gartner pronostica que en 2016 las ventas alcanzarán los 10 000 millones de dólares.

Con aparatos colocados sobre la piel, la tecnología wearable enfocada a la salud cuantifica y analiza una serie de parámetros fisiológicos que permiten elaborar diagnósticos precoces o diseñar el mejor plan de entrenamiento.

«Supongamos que salgo a correr y que habitualmente hago la misma ruta», explica Rodrigo Martínez, responsable de estrategia de ciencias de la salud de IDEO, una empresa de Boston especializada en innovación y diseño. «La información registrada por el wearable me ayuda a entender las diferencias de cada salida. Con estos dispositivos, el cuerpo no solo está conectado, sino que me proporciona información para optimizar el rendimiento.»

Por ejemplo, las pulseras de Fitbit y Jawbone cuentan con podómetro, monitor de ritmo cardiaco y un sistema para medir la calidad del sueño. La autonomía puede variar desde unas pocas semanas hasta un año entero. El software que acompaña al dispositivo analiza la información y da recomendaciones en tiempo real a través del móvil, como por ejemplo cuál es la mejor hora para comer, echar la siesta o entrenarse. Incluso puede recomendarnos cuándo aminorar el ritmo para no cansarnos demasiado pronto durante el entrenamiento.

WEARABLES EN EL TRABAJO

La tecnología wearable no es solo para deportistas; también suscita interés en la industria. Por ejemplo, Atheer Labs, una empresa de Mountain View (California), ha creado unas gafas inteligentes con un sensor integrado que permite leer la información superpuesta en el mundo real mientras se manipulan campos digitales con un simple gesto.

«Hay casos en que necesitamos actuar en el mundo real y, al mismo tiempo, acceder a información del mundo digital», afirma Allen Yang, director tecnológico y exinvestigador de la Universidad de California en Berkley, experto en reconocimiento de patrones de alta dimensionalidad, visión computerizada, tratamiento de imágenes y redes de sensores. Yang argumenta que la tecnología inmersiva mejora la colaboración y la experiencia humana de aquellas personas que mientras trabajan no pueden escribir fácilmente en un teclado o una pantalla, como por ejemplo un piloto de avión o un operario de un campo petrolífero, que usa normalmente guantes.

En el sector sanitario, las Google Glass ofrecían —antes de ser retiradas— una tecnología similar, con la que médicos que se encontraban a miles de kilómetros de distancia podían comunicarse en tiempo real durante intervenciones quirúrgicas complejas. En 2014, por ejemplo, facultativos de Francia y Japón utilizaron esta tecnología para colaborar durante una operación para sustituir una prótesis de hombro.

«En definitiva, estos nuevos dispositivos darán una mayor libertad a los profesionales en el desarrollo de su actividad y aumentarán su productividad», asegura François Benhamou, consejero delegado de Novell France, una empresa proveedora de software para infraestructuras.

ROPA CONECTADA

Los accesorios como pulseras y gafas solo representan la primera oleada de la industria de los wearables. Actualmente, cada vez hay más empresas que incorporan su tecnología directamente en la ropa, incluso tejiéndola en la tela. La ropa conectada se puede lavar, es ecológica y tiene un estilo muy atractivo.

La tendencia es tan clara que el CES de Las Vegas de 2014, el salón de referencia de la electrónica de consumo, dedicó una sección entera dedicada a la moda. Muchos de los productos exhibidos eran nuevos, pero ilustraban la gran cantidad de posibilidades que ofrecen estas tecnologías. Por ejemplo, el vestido Bubelle, diseñado por la compañía holandesa Philips, cambia de color y de nivel de brillo en función del estado de ánimo de la persona.

Con un diseño no tan apto para todos los públicos, el artista holandés Daan Roosegaarde ha creado Intimacy 2.0, un vestido que se vuelve transparente al aumentar la frecuencia cardiaca y la temperatura corporal. La chaqueta creada por la empresa australiana Wearable Experiments y el zapato Lechal de la empresa india Ducere son dispositivos GPS invisibles, que vibran para señalar al usuario la dirección correcta gracias a una conexión Bluetooth con su smartphone.

TECNOLOGÍAS QUE SALVAN VIDAS

Pierre-Alexandre Fournier es cofundador y consejero delegado de Hexoskin, una empresa de Montreal (Canadá) que ha creado una camisa biométrica para entrenamientos deportivos y control de la salud. Según él, en un futuro próximo toda la ropa incorporará tecnología wearable.

«Los sensores que incorporan nuestras camisetas son 100 % textiles y van conectados a una cajita portátil», explica Fournier. «Miden el volumen respiratorio, el tiempo de recuperación cardiaca y las calorías quemadas.» Son indicadores especialmente útiles para diabéticos, cuyo nivel de azúcar en sangre puede caer o dispararse sin previo aviso, y para personas con riesgo de insuficiencia cardiaca.

La detección precoz de patologías ocultas es un nicho que avanza rápidamente en la industria de la tecnología wearable. Por ejemplo, la empresa de First Warning Systems Incorporated, de Reno (Nevada, EE. UU.), ha desarrollado un sujetador inteligente que puede detectar el cáncer de mama analizando los cambios de temperatura corporal localizada. Cuando se forma un tumor canceroso, el cuerpo crea nuevos vasos sanguíneos para alimentarlo. Al detectar cambios localizados de temperatura, esta prenda íntima facilita la labor a los médicos revelando la presencia del tumor en su fase inicial de desarrollo. La prevención de enfermedades es un objetivo realmente encomiable de la ropa conectada. Gracias a las nanotecnologías, el investigador keniano Frederick Ochanda y la estilista gambiana Matilda Ceesay han diseñado ropa repelente de mosquitos, una innovación crucial en África, donde más de 600 000 personas mueren cada año a causa de la malaria.

Asimismo, las nuevas Smart Lens de Google, unas lentes de contacto experimentales para diabéticos, son capaces de medir el contenido de glucosa en las lágrimas mediante un minúsculo sensor conectado a un chip RFID (identificación por radiofrecuencia). El usuario puede transmitir los resultados a un dispositivo móvil simplemente colocando el aparato cerca de los ojos.

TECNOLOGÍA WEARABLE BAJO LA PIEL

Gracias a los avances en biotecnología y nanotecnología, tendremos la tecnología conectada aún más cerca que la ropa: pronto podremos usarla bajo la piel. Por ejemplo, Nokia ha patentado recientemente un tatuaje temporal de tinta ferromagnética que vibra en diferentes frecuencias ante la presencia de un campo electromagnético. Si se vincula con un teléfono móvil, el usuario puede sentir la llamada o mensaje entrante.

Joseph Wang, presidente de nanoingeniería de la Universidad de San Diego en California, está trabajando en un «tatuaje inteligente» capaz de medir el contenido de ácido láctico del sudor, causante de calambres musculares. Teóricamente, el tatuaje puede avisar a los atletas si el nivel de ácido láctico se aproxima a un umbral crítico, aconsejándoles que descansen y se hidraten.

Estas y otras muchas aplicaciones ponen de relieve el gran abanico de posibilidades de estas tecnologías invisibles, no invasivas y cada vez más asequibles. Desde revelar nuestro estado de ánimo hasta controlar nuestra salud, estos sistemas están marcando un antes y un después en el sector de la moda y los complementos.

por Martin Koppe & Philippe Fontaine Ir arriba